![]() |
Alfonso Armada |
El periodismo es un género de la
literatura y quienes dudan de esto es porque consumen lo peor del oficio. Incluso,
el siempre críptico jurado del Premio Nobel de Literatura asentó esta
afirmación cuando proclamó hace unos meses ganadora a la autora bielorrusa Svetlana
Alexiyévich, cuya obra retrata la realidad de quienes habitaban la antigua
Unión Soviética.
Alfonso Armada piensa lo mismo.
El periodismo que disfruta es ese que sirve de herramienta para describir el
mundo e inculcar el amor por las palabras. Claro que esto es poco si se pretende
que esta profesión cambie el mundo, como asegura el imperativo cósmico de ciertas
películas hollywoodenses, pero es suficiente si se circunscribe a un pedazo de la
enorme sociedad interconectada de individuos que en la última década ha
cambiado el cielo de sus religiones por una red de nubes, que –como si fuera
gran cosa– tiene una capacidad de almacenamiento que trasciende servidores locales
y computadoras personales para que la gente deposite más que sus datos, sus ideas
y sus pasiones. Lo de Armada es volver a la época cuando los periódicos podían
considerarse las universidades de los pobres y cuando en cualquier fin de
semana era fácil encontrar en estos una pieza bien escrita, precisa y
descriptiva.
![]() |
Diarios de la Guerra de Bosnia |
Nacido en Vigo hace cincuenta y siete años, el autor fue enviado especial del diario El País a zonas en guerra como los Balcanes y África y fue corresponsal en Nueva York del diario ABC. De estas experiencias surgieron sus libros Diccionario de Nueva York (2010), Mar Atlántico. Diario de una travesía (2012) y Fracaso en Tánger (2013), así como el reciente Sarajevo: diarios de la Guerra de Bosnia (Malpaso, 2015). Aprendió su profesión al calor de los conflictos y encaminado por la obligación de se cuenten las cosas. Pero veinte años después de la guerra de Bosnia entiende que la principal misión del periodismo se limita a “dar cuenta del mundo” sin presumir de que puede cambiarlo. La gran lección fue aprender a estar, saber de mirar.
Igual que a Alexiyévich no le
gusta que la llamen periodista, Armada no se siente cómodo con la etiqueta de
“corresponsal de guerra”, pues asegura que lo suyo fue casual. Lamento
disentir: estaba preparándose para la responsabilidad desde la adolescencia,
cuando leía los libros de aventuras y de viajes escritos por Julio Verne,
Emilio Salgari y hasta las historietas de Tin-Tin
creadas por Hergué que tomaba de la biblioteca de sus primos. Desde esa
época tiene una colección de estampitas que le hacen pensar en fragmentos de
países que conoce o que le gustaría conocer. Puede que, como dice, le tocara
por casualidad viajar a otros lugares y relatar sus tragedias, pero lo suyo era
una afición harto macerada.
Un lugar espantoso y fascinante. Ahora que por acción del
desarrollo de las redes sociales su profesión se encuentra en plena mutación,
el también director del suplemento cultural del diario ABC hace un esfuerzo por ver con prudencia, pero sin evitar el
reproche, la situación. Si la prensa escrita ha perdido la influencia de otrora
es tan culpa de los lectores como de los dueños de medios. Los primeros se han
vuelto perezosos para encontrar todos los medios y los testimonios que les
hagan entender las situaciones y los segundos inculcan un fatalismo que
proclama que el mundo es abrumador. “Uno piensa que debe refugiarse en lo suyo,
sin querer saber nada de los demás porque todo son malas noticias. Esa manera
de pensar es fruto de la pereza y de la falta de delicadeza y de hondura de los
medios para contar”, explica el periodista para quien también es un asunto de
finanzas la decisión de los medios tradicionales de dimitir su responsabilidad
para tratar de explicar lo que pasa en el mundo.
![]() |
Fracaso de Tánger |
Además de sus compromisos con
el ABC, Armada es uno de los
directores de un proyecto editorial digital que se promociona con el revelador
lema “una revista digital para las inmensas mayorías”. Se trata de Frontera D, en donde
encuentran alojamiento el periodismo narrativo, la crónica y el ensayo con el
objeto de “trasladar la lucha con la propia banalidad de los medios” a esa nube
que ahora está sobre la gente como una enorme espada de Damocles.
@michiroche
No hay comentarios. :
Publicar un comentario