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Martín Caparrós |
Aunque
le pese aceptarlo, Martín Caparrós pertenece a este grupo de comelones exquisitos.
Claro que, con su vena de reportero y de humanista, le causa remordimiento
aceptarlo y no sabe cómo hacer para “vivir con la certeza de que hay mil
millones de personas en el mundo que no comen todos los días”, según cuenta.
Por eso se embarcó en el proyecto titánico de escribir un largo ensayo sobre el
hambre que lo llevó a dar vueltas por varios países africanos, asiáticos y
suramericanos, así como por varios lugares de Estados Unidos.
Sin
embargo, es otro proyecto literario suyo el que me hace agua la boca, porque
hay que ser gorditos de vocación –como el escritor argentino y como yo– para
disfrutar de Entre dientes. Crónicas
comilonas. Aunque también me siento egoísta por hablar de estos temas
(digamos) banales mientras otros tienen hambre –y por eso he comenzado esta
nota con la retahíla de estadísticas– el libro al que me refiero es más que una
celebración del alimento, es una lección sobre qué comemos los seres humanos y
cómo eso marca las particularidades nuestra vida en sociedad. “Viajar para
comer es comerse la cultura, las lecturas: comer lo que antes estaba sólo en
los libros”, escribe el autor.
El
texto describe con humor e ironía una serie de aventuras del periodista con las
comidas exóticas y, a través del ameno estilo de columnas de opinión, deja ver
que a veces es bueno escribir desde la tapa del estómago.
“Si
hay algo que me gusta del buen comer es su carácter efímero: grandes
preparativos, grandes esfuerzos para algo que se va a agotar en sí mismo: que
va a dejar, si a caso, un buen recuerdo”, escribe el autor y, como lectora, me
descubrí cómplice en esa reflexión. Comer, como vestirse y maquillarse, son
comportamientos culturales que uno disfruta cundo sabe que le interesan
justamente porque son intrascendentes.
El
libro –editado por el sello mexicano Almadía y bellamente ilustrado por
Alejandro Magallanes– es también una excusa para hacer un viaje por la
evolución del género humano a través de qué ha ido poniendo en su estómago a lo
largo de la historia. Por eso es interesante su reflexión sobre el consumismo
estadounidense al referirse a McDonalds y escribir que “hay ciertas comidas que
se imponen como marcas de una aldea global: para que todos, por un momento,
podamos creernos iguales”. O su visión de la cocina china que parece más bien
una reflexión sobre su filosofía: “Los chinos creen en la acumulación primitiva
de sabores”, dice Caparrós, para quien comer es algo que se hace “antes y
después del bocado”.
Es
por lo escrito hasta ahora que Juan Villoro, amigo de este comelón y casi tan
buen diente como él, lo describe en el prólogo como alguien que “ha comido en
todas partes con glotonería cultural”. Por eso también estas crónicas son
necesaria no sólo para los sibaritas o los que gustan de la buena mesa, sino
para quienes están interesados en el periodismo cultural, porque en estas
páginas se demuestra con misticismo glotón lo que las campañas antiobesidad
estadounidenses vomitan infructuosamente, pero sin cesar, por los medios de
comunicación: You are what you eat.
(Primera edición 8 agosto 2013: http://www.el-nacional.com/blogs/colofon/hambre-Martin-Caparros_7_241245877.html)
Michelle Roche Rodríguez
@michiroche
Michelle Roche Rodríguez
@michiroche